El día de mi conversión. No sé por dónde empezar. Supongo que será mejor contarlo como una especie de diario, como cuando me fui a Tánger por primera vez, aunque la sensación de ambos días es completamente distinta.
Como todos los días, me levanté a las 7’30, desperté a mis hijos y, bueno, rutina diaria… ducha, desayuno, y cada uno a su tarea… trabajo y trabajo y cole.
Llegué a casa a las 12’15, cogí el portátil y me puse a leer las instrucciones para hacer las abluciones, o Ghuls. Estuve en la ducha al menos 15 minutos. Ya contaré un día en qué consiste. Poco a poco me sentía más nerviosa. Me puse mi camisa blanca nueva y fui a casa de Atika para que me diera su visto bueno (cosa que le hizo bastante gracia, fue una situación muy simpática).
Cogimos el bus y nos dirigimos a la Caixa de Gran Vía (nuestro lugar de encuentro) y allí estaban esperándonos Nadia y Siham. Decidimos subir caminando a la Mezkita Mayor que se encuentra junto al Mirador de San Nicolás. El camino se hizo entre risas y nervios. Antes de llegar al mirador Nadia propuso ponernos el pañuelo en la cabeza, ese momento fue de lo más pintoresco. Imaginad a cuatro chicas en plena calle poniéndose el pañuelo en la cabeza utilizando mis gafas de sol como espejo, total, que tardamos unos diez minutos… que si no me queda bien, que si me aprieta, que este color no me va, que qué calor vamos a pasar… jajaja…
Entramos a la Mezkita por la puerta de los hombres para preguntar cómo íbamos a realizar la Shahara. Nos dio las instrucciones pertinentes y nos fuimos hacia la zona de mujeres (ya explicaré también otro día el por qué de ambas entradas). Estaba nerviosa, en general… o más bien en total. Aunque me sentía muy a gusto con mis amigas. Nos quitamos los zapatos y entramos a la mezkita. La primera vez que mis pies pisaban una… descalzos. Nos sentamos en el suelo junto a la pared. Cuando la puerta se quedaba abierta entraba una brisa fresca y se veía parte de las cuevas del Sacromonte. Escuchamos al Imám explicar la “homilía” en árabe y en cuanto terminó nos pusimos a rezar todos juntos. También mi primera vez, aunque por los nervios se me había olvidado el rezo. Después esa homilía se dijo en español. En cuanto terminó vi cómo Atika decía en voz alta que si querían acompañarnos a todas las mujeres presentes participar de ese momento. Me cogieron de la mano y me sentaron de rodillas. Atika fue la encargada de hacerme esas preguntas. En realidad no sabíamos que ella misma podía ser, cosa que me hizo mucha ilusión, vamos, que era la mejor persona para realizar la Shahara conmigo, ya que ha sido ella la que me ha acompañado día a día en mi camino hasta este día, hasta la puerta de la mezkita, y qué mejor que ella para abrírmelas y acompañarme una vez dentro.
Ella se puso frente a mí. Me cogió la mano. Estábamos rodeadas de unas 30 mujeres. Comenzó a preguntarme y yo ya tenía un nudo en la garganta. Por un momento fue como si no existiese nadie en ese lugar nada más que Atika y yo, es más, como si estuviéramos en un espacio vacío en el que las protagonistas éramos las dos. Fue maravilloso. Cuando terminamos nos dimos un abrazo y algunas mujeres comenzaron a llorar de emoción, nosotras también… Absolutamente todas me dieron la bienvenida con besos y Marhaban… Me hablaban en árabe y las entendía… Encontré a Nadia y Shihan y ellas también estaban emocionadas y las abracé. Ya había pasado el umbral, ya era y soy y seré musulmana hasta que muera.
Me preguntó una chica que cómo había conocido el Islam y le contesté: El Islam nunca lo busqué, el Islam vino a mí…
Como nota graciosa del momento, después de haber conocido a todas las mujeres que allí se encontraban, vino Atika muerta de risa y me dijo… María, tía, que fuerte! Que un chico quiere conocerte! La acompañé hasta la puerta y me dijo el encargado de allí que un tal Mustafá de 23 años (debo atraer a los de esa generación) quería casarse conmigo… Con voz rotunda, pero dulce, le dije que mi corazón estaba ocupado, que lo sentía mucho, pero que muchas gracias… en fin, que tuvimos risas por todo el camino de bajada…
Ahora me gustaría dar las gracias a mis madrinas: Atika, Nadia y Siham que consiguieron hacer ese día algo maravilloso y que nunca olvidaré. Os quiero chicas!. También dar las gracias a una persona que no estuvo pero que le hubiera encantado ir, a Zakaryae, la persona que amo y que compartió mis nervios, y me ayudó a tantos kilómetros.
...Mariam...